1. Disfunción eréctil

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Me suelto y me suelto, porque es la única manera que tengo de escribir. Mira que intento otras, que practico las conocidas estructuras de entendimiento que dan placer a vuestros cerebros de primate. No me ha funcionado por ahora, no sé hacerlo de otra manera. Y es por eso que empiezo esta larga narración, es por eso que rompo la maldición del escribir a pesar de estar mal escrito. Ya está, inventaré un nuevo estilo, una nueva vanguardia literaria que casualmente se ajusta mi yo más abyecto y cómodo. Será un estilo en que el que yo y solo yo, que para eso soy el fundador de esta corriente, escribe lo que le sale de los huevos y vosotros tragáis.

Ná, no le deis importancia, es que ayer fui a echar un polvo y tenía la mente tan infecta, estresada, mi alma tan corrompida por esa sutil interacción entre megamáquina y biología mamífera, que apenas se me puso dura. Lo que pretendía ser una cópula anelgésica, para curar mi mente, sólo me hizo sudar. Al menos con la primera ración de polla mi compañera orgasmeo, bien por ella. Ahora es mi día de ayuno, y estoy muy lejos de esfuerzos ascéticos y descomunales, lo que haré será tumbarme, descargar un libro y leerlo, va a ser «Mc Mafia», es una crónica de los flujos de criminalidad que articulan el capitalismo global, era eso o leer «Panza de Burro» pero no estoy de humor para bucolismos hipsters, con todo el respeto.

¿A dónde va todo esto que escribo? Ni siquiera debería llamarse narración o libro, sólo escupo aquí y vosotros tragáis. Abrid la boca, anda. Que mañana os daré mas.

Qué absurdo ¿Esto va a ser todo? ¿Confesar miserias, groserías junto con frases extrañas e ideas geniales apenas escuchadas? Toma comienzo de narración, eh. No os perdáis el capítulo de mañana.