2. Pez dentro del agua.

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Tengo una enfermedad mental, soy incapaz de terminar casi nada lo cual es poco importante, es un vicio idiótico y frágil, no como las grandes mareas de la historia; esos campesinos heréticos instaurando el socialismo antes de tiempo y muriendo por la espada y la horca.

Me levanto tarde de la siesta, escucho a gente más exitosa y las respuestas que imagino en mi cabeza son más inteligentes. Preocupado por lo difícil que va a ser transformar la estructura productiva del mundo y que no mueran las tortugas. Facebook es una puta red de viejos de cero interés. El Twitter me saca de mi onda propia. Cada vez me interesa menos gustar, he renunciado debido a mi falta de talento. Un dragón plateado vuelve atrás en el tiempo, repara los surcos de lefa y para la ominosa profecía. Yo abandono los orgasmos y construyó un fuego eterno ¿Cuantos programas biológicos están operando debajo de marketings, ritos y proclamas morales? Hasta los cojones de los fachas de Twitter, más que indignarme empiezan a aburrirme. Pensarás que esto es pseudo-vanguardia pero es pereza y falta de Dopamina. Internet es el inconsciente de la sociedad. Incapacidad para sustituir el puto «es», término maldito. Mañana he quedado y no me apetece del todo, tendré que sacar lo mejor de la situación, imagino. Hay más de 48 leyes del poder y debería estar practicandolas todas. No creo en la autenticidad, no mucho. Sé que te aburre el yo pero te jodes, navega en el fango si quieres flores. Las historias de mi abuela se repiten y no sé qué hacer. Hechizos de chips electrónicos orientados al Levante fracasan. Ojalá alguien que conversara como tú, me dijo. Mi rostro es un macizo brutal, aniñado y fuera de sitio. Lo malo de la fragmentación es que no opera en los territorios gustosos de la narratividad, donde el cerebro se lo pasa bien. Asociaciones feministas denunciando a sindicatos de putas para salvarlas de si mismas. Llamas doradas e imaginadas empurecen mi cuerpo.