3 razones para leer el funeral de Lolita

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Al día siguiente no tenía que madrugar. Recuerdo que encendí una lámpara de color violeta que me regaló mi hermano cuando ganó tantas pasta con aquello. Mejor no hablar de aquello.

Yo sabía de la existencia de Luna Miguel desde hacía años, todo empezó con un artículo en Jot Down. En los comentarios la masacraron, me pareció curioso y como dice C.Tangana:

Yo no dije nada.

Me ahorraré el comentario tópico sobre la publicidad negativa.

Soy más de prosa que de poesía, es una de esas confesiones culpables y por eso me inicié con su novela «el funeral de lolita». Encendí la lámpara violeta, me desnudé, siempre leo y duermo desnudo, y empecé. Y esa misma noche, en aproximadamente 3 horas me leí las 198 páginas de la novela. Leo muy rápido, es algo en lo que soy bueno.

El título de la novela está mal, Luna Miguel, que por lo que veo en twitter, es más lista que yo, también se puede equivocar. Aunque el libro sea una revisión del mito de Lolita es, literalmente el funeral de Humbert Humbert. El manipulador y encantador nimfomaníaco. Aquí Humbert tiene otro nombre, pero ya se sabe que todos los humanos somos uno y el mismo en el gran drama del cosmos.

En realidad el título es perfecto, porque cuando muere el profesor que te moja las bragas en clase y que te hace sentir usada en su despacho también muere Lolita, Lolita no es una chica ni una fase sino una máscara que te ponen y que se ponen ciertas chavalas en contextos de difícil maduración sexual y en contactos con depredadores sexuales.

Casi tres meses después de leerlo hay tres razones para que te compres el funeral de Lolita, en realidad hay más razones pero han quedado enterradas en el paso del tiempo y la vorágine de lo cotidiano:

  • Ser poeta tiene grandes ventajas a la hora de escribir prosa que no sé si están lo suficientemente reivindicadas. Las palabras están muy bien elegidas, Luna Miguel hace muy bien eso de pintar escenas, de introducirte en ella que es la marca de una buena poeta. En cambio el mal poeta se piensa que la poesía son palabras bonitas.
  • Este punto está relacionado con el anterior; hay todo un ambiente libidinal y saturnino que impregna el libro. El sexo, la comida, la compulsividad y las adicciones son elementos que reinan en el universo conceptual de la novela. A mí todos estos elementos me han recordado a esos días de la cuarentena en los que me dedicaba a masturbarme, a comer helado, ver Los Soprano y arrepentirme. Que haya habido épocas de mi vida en las que haya sido el reflejo de un arquetípico novelístico no es bueno.
  • Con esta razón no va a estar de acuerdo nadie, ni siquiera Luna Miguel. Es mucho más divertida que Lolita. Sí, no voy a criticar demasiado Lolita, es un clásico imprescindible del que bebe DEMASIADA gente y que está muy bien escrito, que es muy perverso e irónico y vale, sí, pero soy millenial puro y somos hijos de la gratificación instantánea y hay momentos de Lolita que son un peñazo, con el pvto humbert mareando a la ya no tan golfilla Lolita y llevandola a restaurantes y ésta hasta los ovarios de él que se me hicieron pesados como el bruto lector que soy. En cambio el funeral de Lolita se devora como un plato de pasta a las 1 de la mañana, rápida y compulsivamente.

Así que terminé de leer, apagué la lámpara violeta y cerré la persiana; en esa época aún me masturbaba más de lo que me parece bien y no recuerdo si imaginé alguna escena del libro. Algunas estaban bien pero yo suelo acabar pensando en ése polvo (1) que eché hace tanto tiempo. El orgasmo me produjo una descarga de serotonina y oxitocina que me dejó frito.

Y dormí.

(1) Si hubiera llevado el peinado que llevo aquí hubiera echado ese polvo. Pero era un poco más gilipollas de lo que soy ahora.