Carne quemada

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Mi padre trabajó 27 años en una granja de engorde de cerdos. Cuando las cerdas se lesiona, algo muy común debido a su enorme peso, dejaban de valer; eran invendibles. Por eso sacaron a esa cerda a la calle y la dejaron al aire libre, paralítica. Para que se muriera. Mi padre de vez en cuando le llevaba agua pero era un acto inútil, una compasión que solo alargaba su agonía. Al final alguien se compadeció e hizo que un camión la pisara.

Ayer llegué quemado, estresado, alérgico y mal ojeado de la playa. Agradezco, con palabras que no leerá, a mi suegra que me quitara el mal de ojo: 9 gotas de aceite caían sobre el vaso de agua, en sucesivos periodos interrumpidos por aéreas cruces. Un gran gotón de óleo, como un ojo enfermo y maligno, diagnosticaba el obvio ataque que estaba sufriendo. Leo que ha habido polémica ya que Alberto Garzón ha compartido las recomendaciones científicas, en lo ecológico y nutricional, respecto al consumo de carne. Sólo diré (cada vez más estoy superando esa actitud tan beta y sumisa se explicarlo todo) que hay que mover la ventana de Overton. Como sea.

He rezado la letanía de la mañana, que invoca las fuerzas luminosas de la salud y he cortado un tallo bajo y jugoso de Aloe Vera. Éste era joven y delgado, de un verde muy oscuro. El gel que salía del corte era fresco y abundante, el contacto con mi piel pre-melanomanizada ha sido placentero. Lo que me ha sobrado lo he guardado en la nevera, el frescorcillo del refrigerador le/me sentará bien.

Me hace gracia que alguien, sabiendo que escribo en este blog, tuviera.la desvergüenza de intentar conocerme ¡Si ya lo pongo caso todo aquí! La gente es tan putamente analfabeta y perezosa que no son capaces de relajarse y leer todo lo que digo, necesitan además hacerme perder mi tiempo y obligarme a gastar mi escaso dinero en granizados y capullados para sacarme cuatro lugares comunes ¡Aquí soy más auténtico que en cualquier charla! No estoy sometido a la tiranía del feedback.