Cómo controlar a tu mujer

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Supongo que en algún momento se lo preguntó mi abuelo. Ah ¿Qué no conoces a mi abuelo? Pues Pepe supongo que le interesó la cuestión, quizás no desde un punto de vista abstracto ni intelectual, ya que ni su formación ni sus disposiciones naturales le empujaban a ello pero en la práctico, de manera casi instintiva y automática, que es cómo se cometen las grandes barbaridades («Yo, robot» de Robert Anton Wilson, fundamental), se interesó en la cuestión.

Mi abuelo hablaba con el rubio, el rubio era un tipo de Almoradí, éste llegó a Abanilla, se casó con una joven de la familia de las monas, pero lo que sucedió es que la joven murió y el tipo, que era un gandul y un canalla se casó con la suegra. Este tipo de matrimonios estaban muy mal vistos por lo que sufrieron una cencerrada, una cencerrada era una especie de carnaval/castigo, que se daban en los matrimonios mal considerados socialmente que consistía en tocar hacer ruido, tirar piedras y cantar canciones burlonas debajo de la casa en la noche de bodas. Fue una costumbre murciana muy extendida, para más datos consúltese «Antropología de la región de Murcia» Luis Álvarez Munarriz. Ése era el rubio, al rubio le gustaba hablar con Pepe el rojillo, mi abuelo y mi abuela un día se puso detrás de una pared a escucharlos. El rubio le decía a mi abuelo que la clave con las mujeres era llenarlas de hijos, y de vez en cuando darles una buena hostia. Que así no se te escapaban. Y entonces tenía razón, dado que no existía legislación antiviolencia doméstica, que el divorcio era inexistente y que existe un lazo afectivo entre madre e hijos la táctica era sublime, además de que los hijos podían ser usados como mano de obra barata lo cual explica que la pirámide demográfica de entonces fuese de esa manera y que con el cambio de condiciones económicas haya cambiado el asunto.

Pero el consejo de mi abuelo no te sirve, socio, y me alegro ¿Qué coño pasa con tu cabeza para querer controlar? Gracias a las transformaciones sociales, culturales, tecnológicas y económicas seguir los consejos que el rubio le dio a mi abuelo y aplicarlas sería suicida, ni siquiera voy a apelar a tu empatía y compasión. Así que siento el clickbait amigo, aquí nos gusta llevarnos bien con las hembras y aunque somos conscientes de la presente desigualdad del mercado sexual, de cómo la legislación puede torcerse contra el hombre o cómo existe un efecto buffet libre que crea una constante sensación de «estar perdiéndose algo» también sabemos que la inexistencia del divorcio crea un claro incentivo a no mejorar como ser humano y es por eso que los hombres de antes no comían coño y tenían la mano muy suelta.

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