Cómo protegerte de una adicción

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Qué curiosos seres somos los humanos, hacemos cosas que nos apetece hacer pero que sabemos que no debemos hacer, ya que convenciones sociales, planes de futuro, consideraciones estratégicas y sistemas de ideas nos lo prohíben. There is no alternative, prohibamos el prohibido prohibir, tenemos que aceptar cuanto antes esa esquizofrenia entre desear y planear y cabalgar a ese furioso tigre con el mayor entusiasmo y alegría.

¿Para qué toda esta hueca palabrería?

Sólo dos mundos valen la devoción de un hombre:

La juventud de una mujer de pechos generosos,

Inflamada por el vino del ardiente deseo,

O la selva del anacoreta.

Octavio Paz

Y es que los humanos somos muy torpes reprimiéndonos, con los ladrillos de la religión edificamos los burdeles, nuestras dietas se convierten en atracones y nuestro pacifismo puede ser de los más violentos. Qué profunda locura, que gran tontería es pretender derrotar al vicio, que es sangre, instinto, hábito adquirido y placer neuronal sólo con libros, castigos, sermones y vigilancia de ancianas de coño lleno de telarañas. Todo eso son barrerillas, trincherillas que rápidamente son asaltadas y que, visto de una manera imparcial y científica, le añade una pizca de trangresión y sadomasoquismo a todo placer. Huye de esa vía muerta. Es como esa anécdota que me contaron, de esa chica tan dulce, tan suave y tan pudorosa. Pues al final fumaba y follaba, se siente.

¿Qué nos queda entonces? ¿Abandonarnos a los placeres cortoplacistas y altamente manipulados por los arcontes encarnados del capitalismo algorítmico? No, socio, ya he hablado en contra de eso. Lo que quiero decir es que seamos taoístas en esta guerra, que como la princesa Mononoke luchemos con la naturaleza de nuestro lado, naturaleza entendida en su sentido más amplio y es que, cómo denunciaba Alan Watts, el dualismo de nuestra civilización nos ha llevado a absurdos, cómo el del niño que quiere recordar y le dicen que recuerde como recordar y cómo le han planteado un bucle ilógico lo que acaba haciendo es frunciendo el ceño y poniendo una cara muy seria. Eso es lo que pasa cuando por medio de la seriedad y el avinagramiento pretendemos estrangular a las fuerzas vivas que en nosotros se agitan, no sólo es imposible sino que no es deseable.

No sólo es imposible sino que no es deseable, ya que reprimir el deseo cae en la contradicción fundamental de desear no desear . La clave es desear más, que en nuestro ecosistema libidinoso no sólo habiten esas compulsiones que como plagas invasoras lo devoran todo sino que sea un bosque vivo, al estilo Fukuoka, donde haya más especies y géneros de los que el simple ojo puede ver.

Introducir nuevas libidos

La meditación es muy engañosa, como las diosas de los cuentos se viste de vieja, lleva harapos y una verruga en la nariz. Pero si eres puro de corazón y haces el esfuerzo de dejarla entrar en tu casa se desnudará y revelará a la más pura y bella de las diosas. Hoy, mientras me lavaba las manos he meditado un poco; he puesto mi atención, lo más neutra e impoluta posible en dicha sensación y ha sido curioso, he recordado (en el sentido platónico del término) lo placentero que era lavarse las manos, sentir un chorro de agua fresca sobre la piel y me ha impresionado lo robotizado que estamos. Cuando aprendemos algo nuestra atención se va a otro sitio y todo lo que un día fue descubrimiento y emoción se vuelve pura sombra cavernaria. Esto tiene su función, ya que ayuda a redistribuir las limitadas energías cerebrales a nuevas tareas pero como todo lo que es natural en nosotros es peligroso si no lo sublimamos y transformamos con el fuego prometeico del saber.

Estas nuevas libidos, como la de sentir el agua fresca en las manos, se pueden obtener mediante la meditación. Sí, otra vez. Pero en este caso no es una disciplina a la que uno se entrega en algún momento concreto, en este caso se convierte en un escudo. Y es que cuando la adicción o compulsión X (tú conoces cuales son) empiece a acechar tienes que, inmediatamente, meditar. Los hábitos se crean mediante la repetición y la asociación (1) y la asociación que te interesa crear es que frente a esa libido, natural o artificial o ambas, que te invade y te destruye debes dejar paso a otras. Sí, quizás sientes la urgencia de hundirte en el porno y freírte los receptores de dopamina pero la meditación te recuerda, de forma pura y simple que existe el placer de la observación, del puro sonido del agua, de la extraña textura de tus emociones, de lo raro y a la vez cotidiano que es el acto de ver. Fracasarás, una y otra vez, lo siento por el spoiler, pero se lo pondrás difícil (2); pasarás de ser un esclavo humillado a un cimarrón desafiante.

Eran como Espartaco, pero ganando

Con la práctica y la constancia, se dará un proceso alquímico ya que muchos de los deseos comparten combustibles comunes y podrás obtener oro del plomo, gloria de la derrota, abono de la mierda. Ahí está, ahí te dejo mi arma, a cada compulsión, una prohibición y una meditación, pura y limpia. Que sean uña y carne, acción y reacción, que como un sabueso implacable persiga a esa plaga libidinal, de la que poderosas industrias se aprovechan, y se la ponga en el lugar que tú, el señor de tú, decidas.

 ¿Y edificose una Jerusalén / en medio de esos negros, satánicos molinos? / ¡Dadme mi arco de oro ardiente! / ¡Dadme mis flechas de deseo! / ¡Traed mi lanza! / ¡Abríos, oh nubes! / ¡Traedme mi carro llameante! / No cejará en mi espíritu la lucha / ni ha de dormirse en mi mano la espada / hasta que levantemos otra Jerusalén

William Blake

(1) Repetición y asociación son técnicas simples y muy poderosas que los pseudobrujos de la publicidad y el marketing no dudan en usar en contra tuya. Róbales esa arma.

(2) Pronto un artículo sobre porque hay que ponérselo difícil al autoengaño.

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