¿Cual será la próxima revolución sexual?

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La palabra revolución es una muy vieja apropiación de un término astronómico. Justo hoy mi colega de internet Ignatius K. Dick me ha dicho que comente el prólogo de Grant Morrison a Isthar Rising. Un libro setentero del gurú del agnosticismo modelo, Robert Anton Wilson. Y antes de comentar nada quiero decir que no se para de hablar de generaciones, casi toda la palabrería sobre Boomer, X´s, millenial y zetas son puro ruido . Aún así no vamos a contenernos, vamos a decirle a RAW un alto y sonoro «OK BOOMER» y a Morrison le vamos a soltar un «OK X´s» (aquí somos trolles pero exactos)

Y es que es imposible entender el prólogo o el libro sin la distancia generacional, en el caso del libro es inevitable al ser escrito por nuestro editor de Playboy preferido en los 70´s como una forma de ganar pasta fácil (el libro de los pechos lo llamó la editorial de Playboy entonces, gente práctica [1] ) y en el caso de Morrison estamos hablando de un guionista de cómics punk. Estas generaciones adyacentes se rebelaron contra un modelo patriarcal de familia, contra el cristianismo tanto religioso como cultural y querían aplastar el capitalismo. Triunfaron en las dos primeras cosas y fracasaron en la última, cómo bien se expresa en la última temporada de Mad Men.

¿Hasta qué punto tiene sentido leer la defensa de una revolución ya exitosa y contra cuyas consecuencias negativas nos estamos enfrentando ahora? Es lo que no he podido evitar pensar cuando Ignatius me ha dicho que echaba de menos un perspectiva red pill (a saber, la condensación de experiencias personales incel con psicología evolutiva). Y aunque hay concomitancias, como las tempranas críticas de RAW al puritanismo feminista o el apunto de Grant Morrison contra los peligros de la pornografía también debo señalar no sólo los límites generacionales sino de partida, la contracultura boomer y la contracultura X peleó en pro de la revolución sexual moderna, en Sex, drugs and magick de RAW los problemas que aparecen son en el sexo son de frigidez, de falta de expansión (en un sentido reichiano) y la solución está en las drogas y la magia. En el caso de Morrison tiene un cómic que haría llorar a todas la manosfera, en kill your boyfriend una stacy y un chad pollatatuada asesinan al novio virgen y se embarcan en una odisea autodestructiva muy punk, y en las que excepto ciertos recursos homosexuales se cumplen las caricaturas incels de manera no irónica. Y no me quiero extender demasiado pero en los invisibles profundiza en lo queer [2], en desmitificar la masculinidad tóxica, en el feminismo y en disparar a polícias.

Y es por eso que pienso que necesitamos otra revolución sexual, no una reacción (que no considero ni posible ni deseable).

¿Ya está?

¿OK Boomer?

¿OK X´s?

No hombre, eso son residuos de los detritus en los que se ha convertido internet, no sólo voy a rescatar aspectos marginales de este prólogo [3] sino que voy a plantear la posibilidad de que en la futura revolución sexual, la que está por venir recuperemos elementos no realizado, potencias no llevadas al acto, de la pasada revolución sexual. Sueño con opio, administrado estacionalmente en fiestas en honor a Perséfone, en mascaradas y masculinidades potenciadas, muscularmente
hipertrofiadas y relajadas y derretidas con matenquilla cannábica.


Dejadme soñar

Ok ¿?

[1] En Sex, Drugs and Magick cuenta Robert Anton Wilson que en la redacción de Playboy corrían muchas leyendas respecto a las palabras de Hugh Hefner, una de ellas es que el había dicho que «el ocultismo era para maricones» lo cual dejaba en una posición delicada a RAW, que ya por entonces escuchaba mensajes procedentes de Sirio.
[2] Si entendemos a los invisibles como un sigilo, que iba a cambiar el mundo a principios del milenio y cuyo resultado no deseado fue Matrix me resulta brutalmente sugerente que las que si cambiaron de sexo fueron las Wachowskas, mientas que Morrison se conformó con crossdresear en fiestas muy molonas a las que no me invitó nadie.
[3] Hay una idea muy sugerente de Morrison, el verdadero truco de un mago, mago en el sentido mas extenso de la palabra, es dar una cosa con la apariencia de otra, al igual que hace RAW que convirtió un libro sobre tetas en una obra sobre el retorno de lo femenino reprimido.

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