El antiquísimo drama

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Occidente como tumor, un combustible que ha hecho que todo lo sólido se desvanezca en el aire: coches voladores, rayos láser y una vida que muere segundo a segundo, donde inhibidores de frecuencia derrotan a las zonas temporalmente autónomas. Gazpacho, frescor vegetal que se folla a mi garganta ayunante. Hablo también de «Amigos», dineros, cuestiones de estatus, la natural distancia del tiempo, hay que ser sutil y saber navegar todos estos asuntos con inteligencia; nadar en los lenguajes inconscientes del poder y del cuerpo.

No voy a ser hipócrita, sin querer, ya que estoy adoctrinado en esta mierda. Ahora me quiero más. Hay que encontrar puntos luminosos donde uno no caiga en la complacencia ni en el autoodio.