El brujo es un rebelde de la física

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Las leyes de la naturaleza son leyes de los hombres, y viceversa, hay un flujo constante, asimetrías especulares donde la concepción del universo y de lo posible crean cárceles conceptuales donde reinan los herederos de cabecillas neolíticos y también el ambiente político infecta las cosmovisiones de sabios y científicos. Lo real, la propiedad del rey, como todo lo que existe.

Por eso todo anarquismo, rebeldía e insurreción debe ir mas allá de lo política y explorar los márgenes epistemológicos, la primera vez que, escuchando el ritmo del tambor y las maracas, sientes cómo una gran fuerza (benéfica) aprieta tu cuello sabes que te estás acercando a una Zona Temporalmente Autónoma. A su vez es una tontería convertir la brujería en cachivaches, colores y vídeos de youtube, esa domesticación le quita a la exploración liminal todo su maná ¿Qué sentido tiene rascar tokens de probabilidad en una economía cada vez más desigual y competitiva? El brujo debe operar en campos benéficos, tanto su estrategia como su táctica tiene que cumplir los principios casi taoístas y universales de Sun Tzu; ganar la batalla antes de darla.

Nos enfrentamos a más retos colectivos de los que un simple individuo, en una mañana luminosa de Domingo, puede delinear con exactitud, por eso sólo tantearé, y diré que si estamos en un contexto de destrucción ecológica, donde a pesar de la economía de la promesa y el hype por las nuevas tecnologías, existe un claro limite biofísico a la acumulación incesante de recursos, en ese caso separar a la brujería de la permacultura es sólo una cuestión conceptual; la brujería es la navegación de la interfaz sujeto-objeto, con tal de obtener resultados en ambos campos, una ecología política y personal implica desactivar virus, troyanos y sistemas de control, tanto individuales como colectivas, que empujan a los individuos a la competencia extrema entre ellos y por tanto a la necesidad de destruir el medio. Esta enfermedad de la que hablo es vieja, es pre-neolítica (1). Una filosofía estoica y cínica, que condense el poder en el pensamiento y en la resistencia del cuerpo, un epicureísmo de la vieja escuela, que nos permita disfrutar de placeres sencillos, la autarquía, el dominio de los medios, locales, de acceso a estados ampliados de conciencia, los cuales implican botánica local, ordalías físicas y mentales además de, qué coño, creatividad. Todos esos factores se cultivarán entre sí de maneras sorprendentes y rizomáticas, es un camino lleno posibilidades y sorpresas.

NOTAS

(1) Cualquiera que estudie a mis admirados pueblos cazadores-recolectores, sin idealizarlos, sabrá que muchas de las cosas que denunciamos de la modernidad ya estaban en ellos, pongo el ejemplo de Nigel Barley y su El antrópologo inocente, donde cuenta cómo muchos de sus pueblos estudiados tenían opiniones tan edificantes como que gracias a las ametralladoras podrían acabar con los molestos antílopes.