El cambio climático es una apuesta segura

Tiempo de lectura: 2 minutos

Scott Alexander, autor del imprescindible blog Slate Star Codex, caracteriza al cerebro como una máquina bayesiana que hace apuestas probabilísticas sobre la realidad. Esta noción, que también podría expresarse al modo de Robert Anton Wilson (humanos generando mapas útiles pero imperfectos sobre la realidad) evita muchos falsos dilemas propios de las ramas clásicas de la epistemología, ya se llamen subjetivismo, realismo, escepticismo o lo que sea: siempre hay un sujeto, lleno de proyecciones y sesgos contaminando la visión de lo real pero en este esfuerzo cognitivo hay un esfuerzo realista ya que de lo contrario un modelo totalmente absurdo sobre la realidad llevaría a la muerte y destrucción del sujeto.

Entender que todo es una apuesta evita solipsismos filosóficos, que suelen ser más un juego mental que una posición real ante la vida y también nos libra de ingenuos y dogmáticos realismos, la noción de apuesta implica una tensión y lucha constante por habitar lo real.

El cambio climático es una de mis apuestas/creencias seguras por las siguientes razones:

  • Existe un amplio y extenso consenso científico al respecto, esto no implica una certeza absoluta lo cual es imposible pero saber que un grupo de gente inteligente que trabaje en un tema con ciertos mecanismos que suelen evitar algunos sesgos llegan a algún tipo de idea parecida, eso, es una buena pista.
  • Existen toda una miríada de hechos profundamente relacionados con el cambio climático que pocos pueden negar como el agotamiento de los caladeros de pesca, la acidificación de los mares, la pérdida de nutrientes agrícolas, la pérdida de bosques vírgenes, la contaminación y las extinciones masivas. Hechos todos que son producto de lo que suele suceder cuando una especie en un nicho empieza a morir de éxito (véase Jared Diamond y su «Colapso») y que van más allá de si las temperaturas suben 1, 2 o 3 grados.
  • Incluso si el cambio climático es una farsa orquestada por Soros y Bill Gates la mayoría de medidas contra el mismo mejoran nuestras vidas tanto individual como colectivamente ¡Ay desgracias de desgracias! Por culpa del fraude climático tenemos ciudades más verdes, hemos salvado varias especies de la extinción y existe menos contaminación. Bendita conspiración en tal caso.
  • Seguramente en esta apuesta también hay razones anecdóticas, irracionales, inconscientes y daimónicas como mi impulso druídico, mi odio a los empresarios, mi gusto por la vida austera, la princesa Mononoke y quién sabe cuántas más cosas.