El dios de los gudaris

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Largos viajes en bus, disciplinas meditatorias que colapsan en aburrimiento, puro a su manera. Casi todas las hembras jugosas en Euskal Herria son de fuera, será el precio a pagar por el tejido asociado y los bosques. Rituales de limpieza astrológica, mierdas que se pudren a 8 metro de fresas salvajes, 5 de bastos, victoria en el tarot de Crowley; elementos que se articulan en reyes, reinas, caballeros y demás simbología reciclada. Hablo demasiado tío, eso es energía estancada, ego no expresado que debe ser rentabilido. Gato blanco y cabezón, pintxos en barrios abertzales, kaixo, aúpa y eskerri kasko. El feminismo pacificando a punkis vascos, en Murcia aún no hemos domado el latino impulso a la violación. Lecturas robadas, hechizos en el autobús, sonrisa, cargada de orgón, cuando cabalga mi yo de bronce la serpiente arcoiris. Casi me fundo los datos allí, la okupación como movimiento político, útil, consciente y emergente, donde funciona el efecto-red. Empanada de bonito y de carne, un kebap a las 12 comentando las diferencias culturales, historias de terror donde espíritus del río subterráneo se mimetizan con niñas, vacas comidas por moscas, endrinas donde el espíritu de la vasco es devorado por mí. Cerveza artesanal y dudas políticamente incorrectas sobre si ETA es causa y no consecuencia del tejido asociativo. Golpe en la escalera antes de irme, el chamanismo entra a través del tobillo broncíneo y se expresa, a la vasca, con un golpe en la escalera enmohecida de una casa okupada, que, como saben los punks, siempre son casas encantadas.