El punto ciego ecocida

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La autodestrucción cancerosa a la que nos enfrentamos en tanto que sociedad industrial, llámese cambio climático, extinción masiva y/ pico del petróleo, exige de todas nuestras energías e ingenio. Los millones de seres humanos que habemos deberíamos estar trabajando en ello a tope.

Pero no es realista.

La gente está demasiado ocupada con sus cuitas cotidianas: la familia, el trabajo, pasarlo bien, cuidar su salud, follar… Para prestar atención a toda esta vaina que, por defecto de diseño, tan abstracta se percibe (1). En el mejor de los casos se vive el ecocidio como una cuestión cosmética, de reciclar plástico y votar a Errejón, en el peor de los casos se vive en la negación, contribuyendo de forma criminal a la destrucción en marcha.

No es una buena situación.

Marco mental para una posible solución

Se me ocurre armonizar y conectar el ecocidio con nuestros problemas del día a día, esto es más bien un enfoque y una pregunta abierta que un libro de soluciones pero dado que en el núcleo del presente ecocidio se halla nuestra actitud general y enfermiza ante el mundo no es de extrañar que un mindset más oikos-lógico sirva como forma de ser más prósperos, felices, sexualmente atractivos, inteligentes y sanos. Vivir en la consecuencia desdichada es se pringados, yo abrazo la unificación poatmítica entre el gran relato y la vida individual-heroica.

Yo elijo eso, tú te quedas con cenar en la Tagliatella.

NOTAS

(1) la sociedad industrial, al desgajarnos de la naturaleza, también nos aísla de la percepción, clara e inmediata, de su degradación. En un bucle casi vicioso necesitamos la abstracción para librarnos de la abstracción.