EL TRABAJO OS HARÁ LIBRES

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me la estoy jugando

Y es que trabajar siempre ha sido una tortura. Yo lo he tenido siempre clarísimo. Esa creencia ha guiado muchas de mis decisiones vitales, haciendo que huya la carrera de la rata, a saber la esclavización pseudo-voluntaria a la que nos sometemos los proletarios en el sistema capitalista con tal de satisfacer las ansias de placer y estatus que la industria publicitaria (12.287 millones de euros) ha promovido en nuestros vulnerables biocomputadoras deseantes.

Pero si entendemos trabajar como hacer cosas que debemos hacer pero no deseamos hacer entonces la realidad del trabajo es ineludible, y ni siquiera en las ricas economías de la edad de piedra. Ante este enfoque, y cómo amante incansable del placer y de la eudaimonía que soy siempre he estado muy atraído por el enfoque que Alan Watts promocionaba, a saber, existen concomitancia entre el trabajo y el juego: En ambos se aplica esfuerzo, en ambos se buscan conseguir unas metas, ambos están regulados por reglas formales e informales. Si cambiamos nuestra mentalidad, y pasamos a considerar los aspectos lúdicos del trabajo, entonces podremos extinguir, en el reino de nuestra mente, que es el reino del todo, esa maldición bíblica a la que Adán fue sometido.

Y es de ayuda, creerme. Las veces que he trabajado eliminar las rumiaciones negativas, extraer las partes positivas, competir conmigo mismo me ha permitido hacer más pasable las largas jornadas laborales. Pero todo tiene un límite, y llega un momento que por muchos artificios placenteros que uno le quiera añadir al trabajo éste sigue siendo una tortura. Y es por eso que en este artículo quiero defender lo contrario de lo que he defendido mucho tiempo; el valor de los aspectos negativos asociados al trabajo. Y el culpable de ello es la dopamina.

Ayuno de dopamina

La dopamina es la hormona del circuito natural de recompensa que nos hace desear, anticipar el placer y nos energiza y motiva para buscarlo. El problema con la dopamina, en sociedades de la abundancia y del confort es que se produce una adaptación hedónica, ya que un placer repetido innumerables veces cada vez es menos placentero. Y es por eso que cada vez se habla más del ayuno de dopamina; una idea muy nueva y muy vieja al mismo tiempo que consiste en reducir y limitar los placeres para que estos se vean potenciados en el medio y en el largo plazo.

Y aquí entra el trabajo, y por qué no hace falta disfrutar del trabajo necesariamente ya que nuestra jornada laboral es un ayuno de dopamina en sí mismo, son 8 horas durante las cuales no hacemos lo que queremos y deseamos sino lo que debemos. Recuerdo que cuando uno salía del trabajo el simple hecho de tumbarte en el sofá y mirar el techo ya era placentero, o simplemente pasarte el fin de semana leyendo y dando un paseo me resultaba un placer de reyes. Pero aquí no queda la cosa, se produce una retroalimentación positiva ya que no sólo trabajar aumenta el disfrute de las cosas que ya tenemos sino que AUMENTA LAS COSAS QUE YA TENEMOS. Un maravilloso círculo virtuoso en el que sumergirse.

Esto no significa que no haya que descansar, o que no haya que introducir en nuestras vidas esferas de juego y ocio. Estas son necesarias en sí mismas y además ayudan al descanso y reparación, incluso entremezcladas con el trabajo puede hacer que se nos haga más fácil a nuestro sistema de recompensas natural, el cual es cortoplacista, llevar a cabo el trabajo. Lo que significa todo esto es que el trabajo no es una maldición sino un pilar de nuestra vida material y psíquica.

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