Escribo esto antes de ducharme

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Un constante tráfico entre lo biológico y lo psicológico, mi neurocórtex comunicándose con el cuerpo y convenciendole de que use esa grasa almacenada. Me he convertido en un zombie productivista, víctima del zeitgeist, al que le cuesta perder el tiempo, activar el modo por defecto del cerebro, tan útil y Lindy, que permitió a los viejos cazadores conectar ideas mediante relámpagos neuronales e impresiones sensibles. He roto el ayuno de agua, me estoy entrenando en uno de los ascetismos más duros, y ahora estoy introduciendo alimentos poco a poco. Medio hora después del gazpacho entrará en mi cuerpo un delicioso combo de leche con caseína.

La compulsión y la adicción al deseo suele ser un síntoma de varios desequilibriod vitales, cuando hablo de cabalgar al tigre estoy hablando de muchas prácticas específicas entre las que se incluye cultivar las actividades primordiales y que están dentro de mi locus de control interno, la vieja autarquía. El placer y el deseo son las energías que permiten movilizar este completo proceso, todo esto exige astucia. Tengo abandonadita la magia, por una cuestión de hábito, y es paradójico porque me estoy acercando, más que nunca, a una teoría personal de la misma; de tanto juguetear con ella veo ciertas constantes que se repiten pero aún estoy en un estado demasiado temprano para especular seriamente, solo puedo aproximar que es un proceso que funciona inconscientemente, mediante una constante copula con objetos semióticos (campo en el que se engloba la palabra, el rito, la imagen…) mediante un acción despreocupada, mutante, experimentadores y agnóstica. También he estado pensando en varias de las necesarias constantes en el cambio personal: trabajo constante, autoengañarte de manera positiva, restringir malos hábitos y sustituirlos por positivos, generar tu propio túnel de realidad mediante la imaginación activa, estimular tus centros de recompensa con pequeños premios, cultivar la voluntad…