Haced un esfuerzo más si queréis ser republicanos (ft. YUNG BEEF)

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Sin el clip no se entiende el siguiente panfleto

Bailar, tomar drogas, no pensar, raxetas. Es una fórmula antiquísima, la usó Hassan Ibn-Sabbahh, la usó Charles Manson, y es que funciona bien, es básicamente la estimulación de varios puntos de presión críticos en el cerebro del mamífero-sapiens. Y es por eso que no resulta extraña la fascinación que el intelectual tiene por el lumpen. Las realidades del cuerpo, que le son negadas al intelectual por el policía exterior y el interior provoca que con hambre de hambriento y sed de sediento se abandone al peligroso oasis donde Kaydy Cain, Khaled, Steve Lean y Fernandito Kit Kat atracan a los toyacos.

Ya desde Kant se presupone que la capacidad de universalizar una práctica es uno de los cores de la moralidad y desde ahí podemos more geométrico demostrar que la vida que proyecta la oligarquía lumpencapitalista está mal, no todos podemos disfrutar de harenes pagados por el mix de negocios legales/ilegales. No hay raxets para todos. Y al mismo tiempo entiendo a Yung Beef ¿Por qué debería limitarse por lo que decía el predecible y rutinario virgen de Inmanuel Kant? La vida es un juego, y ya sea en las periferias o en el centro cada uno juegas sus cartas como mejor puede. Esto sería realismo ético, entender que un sistema moral debe estar acorde a los incentivos, virtudes y vicios del personal, de lo contrario son sólo palabras en libros que no lee casi nadie.

Bien, me has convencido Fernandito. Las mitologías martíricas, apocalípticas de la revolución/liberación son inútiles y desmoralizadoras. Cualquier programa político que no incluya el placer y que uno esté pegao es inútil y estéril. Como dice el poeta romano Fabio:

Quiero recoger este haz de realidad que es ser de luz u opaca vibración prendida en mis entrañas, rasgada al fondo turbio de las cosas, penumbra o un castillo de esperanzas hechas con tierra ensangrentada y futuro…

Es muy bueno ese poeta, Fabio

Lo que en Fabio es una mezcla de esperanza mística y melancolía nouménica en el capitalismo es turboaceleración y manipulación de los deseos, gran parte del PIB en las sociedades desarrolladas está dedicado a la publicidad y al marketing, esto es, a la industria de la persuasión y la manipulación emocional. Y es aquí donde nuestro república de los cuerpos difiere con la de Yung Beef, mientras que éste lumpen-romántico oscuro participa de una ideología del aceleracionismo (a saber, la expansión crítica y tumoral del capital hasta su destrucción en sus propios términos), yo aquí propongo una república dionisíaca basada en la reapropiación del deseo, en reconstruir un disfrute de la natura.

Y es que existe una concepción muy ingenua de la libertad pero que lo permea todo, la publicidad, el derecho y las ideologías política: la libertad del deseo, también llamada la deseidad. La deseidad expresa que la única libertad es la de satisfacer los deseos X,Y,Z que se alberguen en un sujeto concreto. La deseidad es un concepto muy peligroso, porque da por hecho que el individuo se acaba en el deseo, que el núcleo del mismo es el deseo y no es así. El deseo puede ser arbitrario, el deseo es manipulable, el deseo es peligroso y por ello lanzarse a la simple satisfacción del deseo es suicida, es negar la libertad del individuo en nombre de la libertad del deseo del invididuo (Deseidad). Y es que la deseidad para la mayoría es imposible económica, ecológica y eudamónicamente, y es por eso que en la república apolínea el ascetismo será el afilador del placer, el sazonador del eros y en esa república el deseo no será un manipulado títere de títere sino un consejero más en el ágora cuyo nombre es legión, porque somos muchos.

Un ejemplo de este tipo de ejercicio, de cómo articular nuevas formas de placeres no mediados por la esfera del intercambio, la cual está dominada por un capitalismo que es pura ficción de libertad y de oportunidad, es éste que promueve Peter Grey:

Aunque a menudo es señalado, algo engreídamente, que el cerebro es el órgano sexual más importante de estimular, se deja de lado el hecho que el cerebro es un resultado evolutivo directo de nuestra necesidad de procesar movimientos. No somos una serie de selfies sino cuerpos en movimiento. No somos un cerebro en una torre de control cuya interacción con el mundo sólo se realiza a través de nuestros pulgares. El cuerpo espera su redescubrimiento, pues la nuestra es un arte desnuda, ataviada sólo con las sombras que hábilmente proyectamos y las máscaras que exigen ser danzadas.El tacto marca y nos transforma. Es el más erosionado de los sentidos y el más necesario para nuestra salud psicológica. El tacto es la condición de toda vida sensible, la pérdida del tacto es la muerte, y como Aristóteles notó, el pensamiento mismo depende del tacto.Aunque lidiamos con lo intangible, el tacto es algo que debiéramos desarrollar creando una serie de ejercicios para extender el rango de nuestros sentidos. No es sorprendente que la venda sea una de las tecnologías clave tanto en la iniciación como en el juego sexual. Guiar y ser guiados, cazador y cazado, son senderos en los cuales ampliamos nuestra sensibilidad a lo largo del territorio de la piel.

Peter Grey es de esos señores que se deben leer mínimo 3 veces.

En suma, en nuestra república pánica seguro que hay espacios para las raxets, los mais, las tollinas y el joseo, pero estará más repartido cabrones, ya se encargará la milicia silenica de ello.

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