Interpretación metapolítica de la guerra civil española

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Esta mañana estaba vagabundeando por youtube, ya, sé que no debería, que debería estar implementando todos los rituales de productividad, toda la acción, todas las posibilidades que se han de ejecutar. En vez de eso me he puesto a escuchar canciones de la guerra civil española, he llegado al «No pasarán» y al comentario de youtube, obvio, facilón y cruel; «Pues si pasaron».

Pocas derrotas más absolutas que las de la clase obrera organizadas, el exterminio físico y político, cunetas, ilegalización, exilio y esperar cuarenta años para brindar con champán cuando una explosión de gas se da en la calle Claudio Coello o cuando Arias Navarro llora en blanco y negro. He sufrido un insight, a largo plazo quienes ganamos fuimos los rojos; la españa del 78 aconfensional, democrática, moderna, tolerante con los homosexuales, con sindicatos implantados se parece mucho más a lo que tenían en mente los miembros del partido comunista, de la ceneté y de la izquierda republicana que la idea de la vida que requetés, africanistas y terrateniententes tenían. Ya sé que es una idea muy criticada pero es obvio, hay una línea de progreso, cierta dirección en la historia, el ser humano, a pesar de giros, nostalgias, retrocesos e involuciones acaba yendo a por un modelo de sociedad más integrado, armónico, donde no sean mitos particularistas, etnocéntricos y violentos los que imperen sino modos de vida donde la satisfacción y el libre juego de las posibilidades operen.

Por eso, a pesar de sus múltiples contradicciones, límites y errores, la fuerza de la razón estaba con la España republicana, y la deriva posterior, que no es automática ojo, que necesita sacrificio y la labor y elección individual de sindicalistas, intelectuales y luchadores. El otro día leí un artículo en Pijamasurf sobre la eudaimonía, sobre cómo la vida necesita de un principio rector superior para ser digna de ser vivida; yo no os aconsejo que elaboréis tigres de papel o ídolos de barro pero sí que es conveniente reconocer en nuestras labores contribuciones a la mejora y mayor gozo de la realidad: ya sea trabajando, escribiendo, creando bellezas, aniquilando a los idiotas, mejorando la inteligencia colectiva, propiciando nuevas tecnologías, cuidando el planeta, sometiendo e integrandos los bajos impulsos, creando renaceres arcaicos donde evitar la represión, que es falso y mezquino progreso.

Por eso escribo todo esto, como homenaje a los que querían una escuela no dogmática, los que apostaban por que el jornalero estuviera alfabetizado y sin hambre, los que querían traer cultura al pueblo, los intentaron liberar a las mujeres, su intento, aunque derrotado en 1939 fue glorioso y ahora muchos recogemos esa llama que va mucho más allá de la izquierda, mucho más allá de partidos y sindicatos… Es la lucha de viejo Prometeo, del astuto Lucifer, por convertirnos en dioses again.