La espada y la copa

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La magia del caos se ha visto contaminada por la ideología tecnocrática, de raíz baconiana: Saber es poder, el correcto hechizo producirá el resultado tal. Esto es notoriamente falso, una falsedad necesaria, que articula grandes impulsos al igual que la soberbia adolescente moviliza pasiones y arriesgadas acciones.

Es una notoria mentira, que obvia la existencia de karmas y kairós, de límites materiales, talentos propios, fuegos, aguas, vientos y tierras elementales, supervisiones daemonicas y voluntades divinas que toman, sutilmente, las mentes. Vivimos en un kosmos saturado, una selva cargada de un oxígeno embriagante donde los mapas se inutilizan y se hacen necesarias rutas circulares y rizomáticas.

Yo tengo mucho de espada y aire: analizo, busco causas, leo, debato, comunico y me informo. Me conozco gran parte de la literatura esotérica, participo, de la ilusión, medio-necesaria, de que el mapa es el territorio. Ella, la mujer que duerme conmigo, es la copa de agua: desconoce casi todo, no se atreve, como viril espada, a llevar a cabo el rezo, la meditación, los gestos y la invocación. Pero recibe, como un santo grial las influencias, amores y maldades de perseidas, ojos acusadores y espíritus de la Fuensanta. Éste hecho, este matrimonio espiritual está dividido, los símbolos son obvios, las señales claras: hay que unir la espada con la copa, que el fuego se apague con el agua, que el agua se caliente y se haga vapor. Esto tiene implicaciones eróticas y esotéricas (¿No son acaso una y la misma?), revela un momento de madurez (30 años tengo ya) en mi desarrollo psicoespiritual. Imagino que es la concreción, vía brujería, de aquello que algunos llaman autenticidad. Éste palabro es de difícil concreción, la edad de la razón, con sus hijos ciencia, mercado y tecnología, aplanan el mundo, lo igualan y relativizan. Está cosmovisión, la gran destructora de límites y barreras, es también la gran enemiga de la autenticidad ¿Qué más da X, Y o Z? Simples movimientos y espasmos nerviosos, frutos del azar matemático, sobre un espacio dimensional. Por eso es paradójico (y no tanto) que se obsesionada con este concepto existencialistas ateos, tales como Sartre y Heidegger, quién destruye y participa del aplanamiento también participa de la consciencia de tal carencia.

Ahora estamos, en términos históricos, en un momento de síntesis hegeliana: feliz, maduro y holístico. Sin renunciar a las herramientas agudas, analíticas y cuantificadoras, propio del aumento de potencias humanas, tenemos la consciencia de lo que significa ser auténtico: leer los signos invisibles, romper nuestra sordera, descubrir (contra Sartre) que la naturaleza no es muda y navegar, como un surfista sagrado, la gran ola del kosmos.