La transexualidad explicada por un transfóbo

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Sí, soy transfóbo. Casi en el sentido original del término, me producen repulsión los cuerpos con tetas y pollas, los coños con barbas y las demás posibles permutaciones posibles en esta era líquida y postmoderna, preñada de posibilidades. Pero esto es una cuestión de gusto, y el gusto debe ser transcendido, entendido como un gusto animal, y no nublar el buen juicio social y político.

Todas las sociedades han establecido divisiones basadas en el sexo biológico y configuradas por normas de género. Estás últimas han sido muy variadas y muchas de ellas (1) arbitrarias: los hombres fuman las mujeres no, pantalón y falda, azul y rosa.

Pero junto a esta constante siempre ha existido la constante diferencia: maricones, machorras, raritos, gente que por orientación o definición se escapaban de la media y de las crueles e implacables normas de lo gregario. La solución en el pasado era reprimir, amoldar el hierro a hostias si era necesario, ahora, en nuestro avance liberal-progresista reconocemos la especificidad del deseo individual y sabemos que es injusto negar la expresión del mismo. De esta manera se nos abren miles de debates posibles que no creo que sea posible agotar aquí, solo apuntar varios intuiciones:

  • Los que acusan a los trans de falsarios y caprichosos obvian el Skin in the game; alguien que se somete a una brusca intervención y al ostracismo social ni de coña lo hace porque sí.
  • Que el activismo no obvie ni censure una cuestión médica, si existiera una manera mejor de superar la discordia de género que no implica se transición habría que trabajarla por una cuestión humanitaria. Eso es algo que se ve en el fenómeno de los arrepentidos.
  • La división biológica y de género es demasiado vieja para ser destruida, no toques algo que funciona. Pretender autodeterminar el género por pura voluntad creará múltiples problemas, como los tipos que se hacen trans para ganar en las ligas femeninas, que ya se están viendo. Hay que hacer más inclusivo y amplio algo que ya funciona, no derribar los cimientos.
  • ¿Será posible una sociedad más allá del género? Por ahora no lo veo posible, es verdad que entre los místicos y alquimistas se señala que el andrógino universal es una meta que perseguir, ahí hay una pista muy buena.
  • Pensar que el fenómeno trans/queer es una conspiración progre es de ser un tarado, es un fenómeno viejo que ni siquiera la dura represión pudo orillar. Ahora que hay libertad y la empatía se ha vuelto política y ley hay brotes de tal fenómeno.
  • ¿Puede ser lo trans un contagio social? Como en todo fenómeno hay algo de eso, la que hace cuarenta años se convertía en solterona machorra ahora tiene unas posibilidades identitarias y tecnológicas.

NOTAS

(1) por mucho que le duela a la izquierda de la tabula rasa no todo es construido y muchas tendencias biológicas de las hembras se traducen a normas culturales.