¿Los humanos marcamos el terreno con orina?

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El otro día fui a mear en una finca, inmediatamente la perra olió mi orina y meó sobre ella. Es sabido que orinar es una forma de marcar territorio entre los perros y estos, muy sensibles a las señales sociales, mean donde su macho alfa (yo) lo ha hecho. Una forma de identificarse cómo parte de mi manada.

Hasta aquí nada nuevo.

Pero me genera una pregunta ¿En algún momento de la historia los humanos hemos hecho uso de la orina como marca territorial? Supongo que habría que hacer una primatología y una antropología (1) al respecto pero más allá de esa línea de investigación, que imagino que será de valor, me pregunto si no es el auge del neurocórtex (explicado por Edgar Morin en «el paradigma perdido») y la explosión simbólica (de la que habla Alan Moore en «Ángeles fósiles») una transcendencia y represión de viejas señales. Tanto los animales y los niños están más pegados al suelo, no sólo desde el punto de vista físico sino gravitacional, cogen cosas del suelo y las chupan, juguetean con el barro, ontogenia recapitula filogenia y el proceso de bipedización nos aleja de esas pistas olorosas y primitivas y nos permite articular un lenguaje cuyas propiedades emergen más allá del olor de nuestros culos y de nuestros genitales. Ya no hace falta marcar el terreno con orina, tenemos banderas, muros y check-points.

Pero recordar, todo lo reprimido vuelve o permanece como sombra inconsciente, por eso un montón de insultos son me cago en tu madre, en Dios, en España, cómeme los huevos, me suda la polla. Seguimos marcando el terreno con símbolos y fonemas cargados de viejas significancias mamíferas, el segundo circuito cerebral descrito por Timothy Leary.

Por este blog ya lo he contado varias veces, existe una dialéctica constante y retroprogresiva entre futuro y pasado, se evoluciona y se crean nuevas formas emergentes pero en muchas ocasiones sintentizando fragmentos olvidados, reprimidos y descuidados, inútiles en su particularidad idiota pero poderosos cuando recuperados bajo un nuevo manto. Sólo así se entienden los disturbios callejeros, una forma primitiva de recuperar la calle, de ir mas allá del simple tránsito e intercambio de mercancías, una forma ruda y primitiva de poder.

NOTAS

(1) De lo que recuerdo de mi lectura de Escatología y civilización es que el asco y el uso de los excrementos ha sido muy variado y sensible a las normas sociales del momento.