Media hora antes de ir a la playa

Tiempo de lectura: < 1 minuto

A un espíritu con disposiciones aéreas como el mío le molesta entrar en relaciones con lo concreto y específico: botes, barro y contabilidad. Menos mal que he cagado una mierda, joven y humeante. Éste es un placer vergonzoso, por lo común y gratuito del mismo, pero es uno de los mejores, el placer de liberarse de la carga y abonar para moscas verdes, azules y elefantásticas. Leo a Houllebecq, y devoro sus partículas elementales; el título va más allá de la metáfora y es una descripción omniabarcante y difusa de todo el libro.

Hace semanas mandé un mensaje de voz y me alegro de que no me haya respondido, en el fondo no quería quedar y estaba obedeciendo más a la versión idealizada de mi mismo que a mis deseos más primales, a los que no excuso porque fácilmente se someten al algoritmo del bikini verde, la piscina y el circulito azul de «me gusta».

Pienso en la llaga, blanca y brillante, que abusa de mi en el borde de mi labio inferior, está propensión es herencia directa de mi padre. Todos los días la estoy rociando con el blanco y amargo fármaco. No debería estar escribiendo esto, sino haciendo ejercicios de mandíbula con el jawsrsize; me gusta morder fuerte y escupir la sangre oscura y con sabor a ocre que sale de ahí. Alimento puro para la tierra salvaje.