Mi pueblo es un microcosmos

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Y el tuyo también, podríamos decir, sé que es una metáfora atrevida, que vivimos en un universo holográfico donde cada minúscula pieza tiene elementos, condensados, de la totalidad. Es por eso que la deriva mágica es una práctica tan agradecida, y flexible. Uno le puede añadir toda la parafernalia que quiera: ofrendas, rezos a antiguos y olvidados dioses, ejercicios energéticos, coordinación con días y horas astrológicas… Todo eso está bien, y animo a hacerlo y a experimentar pero muchas veces el ornamento opaca la belleza de lo esencial; la deriva mágica es muy sencilla, te marcas un objetivo concreto, por ejemplo colocar un talismán donde más influencia pueda generar, hablas en voz alta con los espíritus del lugar y sales a la calle y te dejas llevar. Yo no he visto ni daemones, ni se me han derretido las paredes de lo real, cosas impactantes pero cada vez considero que hacen menos falta, lo que sucede siempre es que acabas en sitios diferentes, a pesar de ser tu pueblo, que te has pateado durante décadas, que está más visto que el tebeo, siempre te topas con un detalle, matiz o curiosidada nunca visto. Esto sucede porque de normal nuestra consciencia está enturbiada por el torbellino habitual de la mente de mono: planes, deseos, pensamientos aleatorios, repeticiones de los bombardeos culturales, publicitarios y propagandísticos….

Durante la deriva mágica eso se interrumpe y sin excesivo esfuerzo cambiamos nuestra percepción hacia el pueblo/ciudad mismo, es una forma de meditación si lo vemos así. Y siempre hay sorpresas gratas, se disparan asociaciones y resonancias simbólicas, se llegan a lugares nuevos… es importante durante la práctica no obsesionarse con buscar significado, eso sería forzar la máquina lo cual no me parece interesante, ya que estaríamos contaminando el mensaje de los espíritus del lugar con nuestras particulares obsesiones y proyecciones, es más valioso no buscar resultado, tomar el camino como un paseo algo aleatorio y ligero, suave como la mantequilla, es este tao de andar entre vecinos, coches y descampados donde suelen eventuarse momentos de asombro, un buen humor general y con el tiempo una operación exitosa. Limitarse a la habitación o a la salita para hacer tu brujería es perder ricas fuentes de maná, sal afuera y atrévete con la magia allí, será sin duda más rápida, furtiva e improvisada pero tiene sus propios encantos.