Parlamento con los demonios

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No vine a ser carne, Gata Cattana.

Metáforas permiten volar en ese espacio estrecho y fundamental que es el lenguaje, necesito que creáis en el mito fundamental: Monos apenas bípedos probaron los psilocibes cubensis, aún embadurnados por las heces de búfalos, y volaron al hiperespacio en cultos lunares, cargados de libidos freudiana y junguianas. Ese mito revela nuestro pecado y trabajo fundamental, la huida de la cuitas del cuerpo, esto tiene peligros, como pasa con todo lo bueno; por eso prefiero regodearme en mi extraña melancolía, dulce, clara y distinta, de origen no descubierto.

Me voy a poner el reto de escribir sin tener nada que decir de valor, aunque si lo pensamos bien llevo haciéndolo demasiado tiempo, no es una novedad. A la hora de interaccionar con el personal es muy necesario crear un aura de poder y de autosuficiencia, ahí las sectas del pensamiento positivo tienen razón pero eso no trabaja la oscuridad que en muchos anida; muchas parafilias sexuales consisten en regodearse en los traumas y heridas propias del sexo: que te meen, que te golpeen, que se follen a tu mujer delante de ti, una forma de paliar el dolor es ritualizarlo y ludificarlo, y es por eso que frente al «sonríe» que es una secularización de la represión del cuerpo yo apuesto por la vieja fórmula chamánica, seguida también por Jesucristo (con el cual tenemos buena relación) de descender a los infiernos para después ascender a los cielos, en nuestras compulsiones, manías, tabúes y jodiendas hay tesoros escondidos que hay que atreverse a explorar, sin duda.

Y no hablo sólo del loquero, que al final es una tecnología de tipo racionalista muy concreta, y con límites científicos y culturales; hablo de ritualizar el infierno y el barro. Lo han hecho, por puro instinto, muchas sociedades: sentarse una noche, luz tenue, velas terribles y hablar, con voz gutural y monstruosa, pero no hablar tú, ese conglomerado parlamentario y políticamente correcto que dice, por vía de aprendizaje conductista, lo que todos esperan de él, no, que hable el sumiso, el amargado, el envidioso, el violento: aquellos que fantasean con heces, sangre, incestos y suicidios, que se expresen, que la cinética de esa energía contenida adquiera inercia propia y no te conformes con agotarlo por la vía del exceso sino escúchalos, los demonios son sabios. Un hombre que está en guerra consigo mismo está en desventaja, los demonios son aliados sabios y poderosos, busca la manera de que se integren con los demas deseos y necesidades propios de un individuo que debe comprar todos los días el pan y que no debería meter la picha en ese coño.