Provocando una huelga general

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Yo en realidad estaba muy a gusto, en mi ociosidad. Con mis lecturas y mi vida pseudo-burguesa. Pero cuando naide hace naida toca arremangarse y currar.

Hablo, por supuesto, de una huelga general contra el precio de la luz.

En el contexto actual, donde la irrupción de nuevas tecnologías, la conservación de viejas formas de distribución de la tecnología (el mercado marginalista apesta), una élite neoliberal en el PSOE, conchabada con el oligopolio eléctrico más la presión, futura, externa y amenazante de un posible «Hungarización» de España hace que si la izquierda, o el pueblo organizado, no ponemos freno a esto naide lo hará. No se puede entender a Roosevelt y su New Deal sin la presión de los sindicatos y del candidato electoral a su izquierda.

Es por eso que es desesperante ya no que Podemos sólo haga declaraciones para intentar salvar el culo (Spoiler, la gente verá la factura y no tu artículo en Público) sino que toda una red de activistas, políticos y sindicatos no se movilicen: Mas País, CNT, Anticapitalistas, CGT, la CUP, ELA y LAB, el SAT, el partido de Teresa Rodríguez, la PAH, ecologistas en acción… ¿De verdad no tenemos músculo para generar un efecto dómino sobre los sindicatos mayoritarios?

Algo de razón tiene la derecha

Que los sindicatos están comprados por el PSOE, esto, en su sentido literal, es falso. Las famosas subvenciones sindicales se obtienen cuando obtienes representación en las elecciones sindicales, es una cosa que puede obtener tanto UGT como el sindicato de panaderos borrachos, es un proceso automático dónde no hace falta que Ábalos vaya a la sede del sindicato con un maletín. Pero los fatxas de mierda si que tienen razón en algo: esta subida de la luz, con un gobierno de derechas, tendría las calles ardiendo, y por una razón muy sencillas: la política es identitaria, cuesta más atacar a los tuyos, y es por eso que a veces los mejores recortes los hace la izquierda y las mejores subidas de impuestos las lleva a cabo la derecha: Paradojas de la democracia representativa. Éste fenómeno junto al hecho de que hay vínculos orgánicos y vivenciales entre los grandes sindicatos, que son, admítanoslo, en la práctica los que pueden convocar la huelga general, provoca que estemos en ésta situación de «Alguien debería hacer algo» + «nadie está haciendo nada».

Es una batalla muy importante, y nos jugamos mucho en términos de derechos, fuerza y recursos medioambientales. No estoy seguro de que podamos permitirnos una derrota.

Indefensión aprendida y efecto dominó

Esto que digo, con otras palabras, lo están pensando y diciendo luminarias de la izquierda y militantes en petit comité, el problema es que lo vemos como un gran reto, algo que va más allá de nuestras fuerzas individuales o de lo que puede llevar a cabo un sindicato con 23 miembros. No voy a mentir, hacer que cientos de miles de persona vayan a la huelga general es una tarea titánica, en la que es fácil estrellarse contra muros, visibles e invisibles. Las fuerzas sociales funcionan, como decía Marx con sus palabras, como fantasmagorías y espectros que nos acechan. Nosotros, como brujos de luz debemos usar toda nuestra puta astucia y ambición.

El truco, la varita mágica es el efecto dominó. Yo mismo, soy un cualquiera con menos de 600 seguidores en Twitter. Yo no tengo la capacidad de convocar una huelga general pero sí puedo, conociendo un poco como funciona twitter, seguir a gente del rollo (para esta huelga no necesitamos a la derecha, al menos al principio), interactuar, hacer shitposting (Españabola es un buen modelo a seguir), trabajar éste tema, leer artículos sobre la puta luz, demostrar que el enemigo es la élite neoliberal del PSOE (Calviño y Teresa Ribera), proponer locuras como que todos pinchemos la luz… yo que sé, tampoco puedo planificarlo todo. La clave es que alguien debe mover la primera ficha, idealmente me gustaría desatenderme cuanto antes y volver a mi magia del caos y mis lectura o, mejor todavía, quizás acumule capital político y me vuelva tribuno de la plebe.