Retorno al mono

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Levantar y lanzar piedras, la irregularidad del gimnasio campestre. Aprender a pelear y expresar ese impulso primitivo y violento; más definidor del éxito sexual que la simetría de la cara. Aprender a lanzar, la verdadera ventaja humana sobre los primates. Recuperar el juego, locus de control interno, incomodidad voluntaria, entrenarse contra la opinión de los demás (vivir contra la naturaleza básica humana), vista desde arriba y visualización negativa.

1.

Colgarse y volver a los árboles. Descalzar los pies, llevarlos a nueva posturas y rehabilitarlos con movimiento, conectar el ejercicio físico con una identidad casi tribal, que promueva acciones que a su vez estimulen está identidad (círculo virtuoso). Entrenamiento polarizado (alternar una mayoría de suave con momentos extremos). Fermentar mi dieta y recuperar ese rasgo básico con el que hemos evolucionado. Dentro del cerebro tenemos un buen esteroide; liberarlo de todas las formas posibles, combinando realismo prudente con ambición jovial e imaginación desbocada.

2.

Cuidado con la adicción a la información, es otro caso de estímulo supernormal por mucho que la ideología del conocimiento lo pretenda camuflar. Accesibilidad aumenta el consumo, de lo que sea, diseñar, por tanto, nuestro propio entorno. Comprar roquefort y fortalecer la voluntad sabiendo que es necesario para ello tener objetivos, un plan, chequear este plan (A ser posible con indicadores visuales de rendimiento para estimular la mente inconsciente), crear una pausa, por rutina, entre el antojo y su realización (para evitar la impulsividad), crear un sistema que asocie recompensas inmediatas a cumplir ciertos objetivos (recordar que la intermitencia también funciona pero esto mejor solo para las recompensas más gordas, así evito ponérmelo demasiado difícil), establecer una conexión con mi yo futuro para curar el cortoplacismo ( escribidme una carta en futureme y visualizadme en ese estado) y no suprimir las tentaciones sino disfrutar el hecho de examinarlas y sustituirlas por tentaciones positivas, crear deseo endógeno en suma.

3.

Los hábitos, buenos y malos, son contagiosos, yo puedo influir y me pueden influir. Convencer mediante el neurocórtex está sobrevalorado.