Serpiente de escalera

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Flores difuntas se preparan, yo vengo de fiesta y a 500 metros de mí un tumor ha devorado el cerebro de una joven. Ayer fue una noche ominosa; paseamos y dejé que los gases acumulados en cenas pesadas se vaciaran ¡Y hablamos! Sobre la sensibilidad en el arte, insulté a las inteligencias necesarias y mezquinas y, por tres segundos de distancia, esquivé a una serpiente de escalera. La luna era un de un amarillo morboso, y a mí recuerdo viene un billete de 20 euros arrugado y también que no hablé de como la performance tiene una función pre-postmágica que resulta absolutamente necesaria. Y llegué a la cama, antes froté mis pies con jabón, para que no olieran al sudor acumulado por todo un dia con los deportivos puestos. Y el móvil me golpeó en el pecho, ya que ya tenía sueño, e hicimos (flashback) los 7.000 pasos que marcaban la pulsera, y seguramente pensé en la poeta y planeé cosas, me quité las gafas y la realidad perdió sus brillos y aristas y volví, en el flow of consciousness, a la cama y recé por el alma de la chica con la que nunca hablé a ominosos y desconocidos dioses.