Siervos de la culebra I

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Me llamo Leyo. Tenía otro nombre, tan parecido y tan diferente pero desde la mordedura el nombre se borró. Borrar no es un buen verbo, porque recuerdo ese nombre perfectamente, simplemente ya no siento que sea mi nombre, no hay ninguna atadura emocional con ese conjunto de sonidos y de letras. Cuesta explicarlo así que usaré un ejemplo, es cómo si yo te digo que a partir de ahora te llamas Santiago Abascal, quizás, si no te queda más remedio usarías ese nombre pero te sentirías un farsante, no te reconocerías en ese nombre. Ese me pasa a mí desde la mordedura. Iba a escribir sobre la mordedura porque supongo que tú, compañero de armas, ya que sólo si te has unido a la lucha contra la megamaquina2 deberías estar leyendo esto, querría saber algo acerca de la mordedura. Pero antes tengo que hablar de la cArA.

Antes de prfundizar en ella me gustaría explicitar mi situación en esta cárcel arcóntica. Estoy desempleado, eso significa que estoy fuera de los flujos económicos habituales lo cual dificulta mi supervivencia en la megamáquina2, menos mal que tengo ahorros y que cultivo muchas de mi libidinidades ferales, las cuales me permiten extraer disfrute del canto de un pájaro, de un paseo, de restregarme en la tierra o de abrazar a un árbol. Pero para uno como yo que está “fuera” (quizás abajo como advierte C. Tangana) esto no es una situación deseable mientras evomatrix sigue desarrollándose y absorbiendo todo el poder feral que es propio de los humanos; todas las técnicas emocionales, perceptivas y espirituales que son nuestro derecho natural como especie y que estamos entregando, como borregos, a empresas multinacionales parasitadas por oscuros egregores.

Ahora quiero hablar de la cArA.

La cArA es muy poderosa. Desde que grupos específicos humanos fueron simbiontizados y colonizados por triticum los mecanismos de manipulación de los circuitos naturales de recompensa cada vez son más eficaces, los excedentes de la conquista, esclavitud y exterminio de animales, humanos y daimones han permitido perfeccionar mecanismos como el de la cArA, el cual se alimenta de los vínculos sociales que las ciudades-estado triticum han roto para de esta forma acumular big data, vendernos mierda que no necesitamos y consumir nuestros mecanismo paleolíticos de atención. Es un proyecto terrible, una torre babeliana en constante crecimiento a la que debemos combatir. La cArA lo está absorbiendo todo, coge nuestra libidinidad feral, nuestra ansia por conocer técnica psíquicas del paleolítico y las convierte en consumo, distracción y mercancía. Dentro de la cArA hay un sector llamado el sendero del mago. Yo, desde la mordedura ya estoy liberado de ese tipo de trampas pero tengo el deber de ir para allá, y ver a cuantos humanoides puedo salvar. Pues bien, os cuento cómo está la cosa:

Pues muy difícil. El bajo CI, que según muchas de mis lecturas es fruto de implacables leyes biológicas, absorción y parasitismos por parte de los virus lingüísticos y mediáticos hacen que se cree una cortina de humo. Y es que la evomatrix ya no necesita de las herramientas que en parte la ayudaron a ser construida: el paso del mito al logos, la razón instrumental, para ella ahora estas son como kleenex después de una paja. Y es por eso que mi deber, tal como el de la estirpe guerrera que me precede, es declarar la paz rota, entrar fuerte y con la espada de la razón, los bastos de mi libido, la copa de mi emoción y los oros de mi riqueza.

Bien, iba a hablar sobre la mordedura pero no me puedo ir aún. Y es que estuve hablando con una amiga punky, Mónica Galaico. Ella insistía en que fuera a acompañarla a la casa okupa. Tengo bastante simpatías por todo rebelde de las ciudades-estados triticum, a pesar de todas mis reticencias porque también veo que estos rebeldes comparten la mayoría de los virus lingüísticos y mediáticos segregados por la evomatrix. Y sí, ahora me doy cuenta de que hablo un poco raro, y que seguro que no entiendes muchas cosas pero cuando te explique la mordedura lo entenderás. Bien, ella no paraba de insistir con lo de la okupa, coincidíamos en la misma cafetería muchas veces, imaginad, las litronas eran baratísimas, y te podías pillar un apetitoso bocadillo de tomate y carne a precios populares. Pero, y lo estuve debatiendo con Mónica Galaico, a pesar de querer disfrutar de la vida, a lo cual yo ahora llamo estimulación bajo voluntad daimónica de los receptores de dopamina, también era consciente de que los parásistos de evomatrix acechaban en todo eso eso y por eso estaba muy precavido en lo referente a «disfrutar de la vida» y preferí una tapa vegana; daditos de tofu al sésamo. El toque del sésamo era muy crujiente pero apenas saboree ese sacrificio de los hermanos del reino vegetal ya que acabé distraído por Mónica Galaico:

“ Pues Hroswitha de sheim nosequé, el lugar no me acuerdo pero vamos que era una canonesa, vamos una monja rica. Yeah, defiende la pureza patriarcal y participa de una perspectiva de clase, no me interrumpas aún (<<sino te he interrumpido>> le dije interrumpiéndola ), pero para mí es una pionera feminista poco conocida, que coge elementos cristianos y paganos de su época y les da la perspectiva necesaria de la mujer”

Le dije que me parecía interesante, y era verdad, aunque me ahorré las criticas al 64,5 por ciento de colonización arcóntica y evomatrixiana que está sufriendo el feminismo, ya que creía en otro tipo de persuasión, no tan directa. Si que añadí matices sobre cómo ese feminismo primigenio tiene obvios límites.

“Ya, pero eso es como dice Cristina Morales, llega un momento que sólo las oprimidas tenemos que ser coherentes, los machitos cómo tú, cómo son unos cabrones se libran de eso”

no le respondía a su ataque no del todo no irónico porque tenía parte de razón, desde la mordedura mi voluntad de poder iba creciendo, me había ido haciendo consciente de cuanta fuerza libidinal absorben las ciudades-estado triticum en pro de su propio tumoral crecimiento. Y la verdad, no me apetecía ir a la casa okupa y tragarme a skinetos y punkos, productos de las tendencias tribales reprimidas por evomatrix y canalizadas como amortiguador político y producto de consumo, contándome rollos a MÍ, a Leyo, que desde la mordedura estaba mas allá de todo eso. Pero quería follarme a Mónica Galaico,

la primera vez que la conocí, fue una reunión de un taller sociocultural, me pareció incluso fea, lo confieso, una parte de mi le repugnaba físicamente pero de tanto conocerla le había empezado a coger gusto a contemplar sus pechos ubriles, a lo puta que era y al tatuaje de una mariposa que adornaba su nuca. Debido a la necesaria convivencia ya eramos tribu y en las tribus las bestias nos gusta de emporrarnos.

“Es que te lo digo de corazón, Mónica” dejé una pausa un poco larga, me puse hasta nervioso pero el control del sistema parasimpático que había ganado con el mindfullness me ayudó “yo no voy a poder quedar contigo, en este momento no tengo coche disponible” me la jugué con esa excusa pero oye, a una parte de mi se la sudaba bastante <<acho, que te lo he dicho muchas veces que te quedas conmigo>> ya sólo me quedaba una baza “tienes razón, me lo has dicho muchas veces y desde mi hara te lo agradezco pero es que tengo un problema, casi una enfermedad” <<a ver que gilipollez vas a decir>> dijo expectante y juguetona “pues que si me quedo contigo voy a acabar echándote un polvo y no sé si está bien o mal” dije, ocultando mis expectativas y juguetón <<¿Ah que no sabes? Menudo anarquistilla del palo, pues un polvo no te puedo prometer, ya que sabes que tengo novia, pero un kalimotxico junto nos podemos tomar>>

Ahí había tema, pero vamos. El alcohol funcionaba muy bien como un desinhibidor de las presiones selectivas de carácter biológica que normalmente hubiera hecho que incluso un macho cómo yo: 1,78, barbita recortada, ropa alternativa DIY, postura erguida, mentón amplio, nariz perfilada y labios dóricos, fuese rechazado. Y además, yo tenía preparado para rematar el rapto una invocación al daimón Dionisos que recitada en secreto podía inclinar la balanza hacia el lado de mi polla.

Después estuve en casa, estaba un poco cachondo, fantaseando con cómo iba a morder cuello, clavar rabo y gritar como un perro cuando quedara con ella la próxima semana pero era consciente del peligro, tal como denunció Giordano Bruno en su tratado sobre los vínculos, de ser poseído por mis propios fantasmata así que me puse a leer un poco para distraerme; era un artículo de Douglas Rushkoff, la supervivencia del más rico: Hablaba de cómo las élites tecnológicas de este milenio ya tienen claro un apocalipsis climático y están destinando todos sus excedentes en desarrollar tecnologías que les permita salvarse a ellos del colpaso, el cual dan por supuesto, es terrible lo que la invasión de la conciencia basada en sicilio, ya profetizada por el psiconauta John Lilly, está haciendo con Gaia. Cada vez tenemos menos tiempo. Cuando terminé de leer el artículo aproveché para ordenar un poco mi habitación, había cierta dopamina y satisfacción en generar orden, el cual es el primero y más divino de los actos si atendemos a Hesíodo. Y me puse a hablar con Galaico, tenía de fondo “pablo” de Pxxr Gvng, un tema bien cabrón, nostálgico y que se desliza como benzoilmetilecgonina  por la oreja pero antes de copiarla os tengo que contar lo que pasó con la mordedura

Sé lo que pasó, pero no por qué. Tuve una experiencia y desde entonces veo la realidad de las cosas, y es una locura, porque yo antes leía Facebook pero ahora leo, cómo si fuera un relámpago mental que me viene desde fuera, la cArA, a veces la leo o la veo o la pienso, o todo a la vez, como“centro de inteligencia del invasor de silicona” “siervo de la megamáquina2” y un montón de denominaciones más. Es brutal, desde la médula de mis huesos surge ahora una conciencia, emoción e instinto bien claro: Esto es una guerra en todas las dimensiones, y no ver al enemigo, no ser consciente es lo que nos hace perder. Me cuesta hasta contároslo, es de esas veces que la pura verdad resulta increíble, extraña y absurda. Pero si estás leyendo esto presupongo que estás bien dispuesto a recibir las impresiones sensibles que quiero transmitir:

Estaba sentado en mi vieja silla de PC, mi escritorio es de un marrón pálido, amplio, empotrado contra la pared y lleno de desorden: un vaso de una infusión ya bebida, donde la bolsita estaba seca, aparté un poco mis viejas libretas de instituto donde tomaba notas, dibujaba… Las plantas de interior hacian de primitivas columnas, custodiando mi ventana y cuando cogí el bolígrafo para prerparar el artículo para mi blog, el cual por cierto no funcionaba muy bien, apenas recibía visitas, noté el relampagazo. Ahora estaba en otro sitio, era verano y estaba en la playita. La arena de la playa estaba llena de charcos profundos, más que una playa era un frágil archipiélago, cómo una tosca y materializada red de diamantes, de la que habla la mística budista. Todo estaba lleno de gruesas culebras de todos los colores, eran amables, yo les intuía una buena vibra pero mi miedo ancestral, el de mi antiguo nombre y el de mi anterior yo, permanecía. Tenía que andar con sumo cuidado para no rozar a las culebras, pude salir de ahí. Curioso cómo mi capacidad de asombro estaba opacada, junto con la visión que el rayo me había otorgado también había recibido la aceptación total de los novísimos hechos. Llegue a una cueva a la orilla del mar, desde dentro se oía a las olas como golpeaban la roca, era un lugar acogedor, y la leve oscuridad de la caverna no era intimidante. Hasta que lo vi a él. Se parecía a mí, coño era yo, pero una sombra negra y translúcida lo cubría. Empezó a reirse de mí, no recuerdo que me dijo, cómo si un dispositivo me impidiese recordar, pero si tengo la sensación de que que era un capullo y de que me atacaba. Salí de ahí lo más rápido posible, allí fuera, de nuevo con las culebras me enfrenté a ese destino que tanto había rehuído. Una de las culebras y se alzó, me observó y de manera inmisericorde me atacó, mordió mi pulgar mi derecho y me lo arrancó, joder, recuperé todo mi asombro de golpe y me desperté (no, me dormí de nuevo quizás) en mi escritorio. Joder, mi pulgar estaba donde debía aunque me dolió durante más de una semana. Ahí está, la mordedura.

Pues bien, os voy a poner la conversación con Mónica Galaico, mientras escribo esto suena de fondo la pxxr gvng:

[todos esos negros quieren ser capo pero ninguno sale del barrio] [Pero a pablo lo matan] [Pablito, cocaína, Fernandito Kit kat en la cocina canta Yung Beef] [A Pablo lo mataron loco, tu eres el siguiente, aquí no semos sapos de mierda somos delicuentes]

Menudo temazo, bien aquí la conversación que no acabó como yo quería:

(continuará en Siervos de la culebra II….)

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