Soy pagano y por eso creo en CRISTO

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Muchas veces se nos olvida la absoluta revolución que fue el cristianismo. Su rápida expansión y la absoluta hegemonía que consiguió destruyó todo un viejo orden religioso. Hasta le dio nombre a lo anterior; el <<pagano>> es el campesino (1) y así se denomina porque es el único lugar donde sobrevieron estos cultos (2).

De ahí que la reacción normal de todo neopagano sea una oscilación entre el odio y la indiferencia. Cristo es la primera llama del incendio que consumió Eleusis, las estatuas de Diana, los juegos olímpicos y la academia de Atenas.

Pero como toda reacción prima facie, suele ser falsa, o mejor, incompleta.

Es imposible volver a ser pagano

Os aconsejo que le echéis un vistazo a cualquier ritual neopagano. Veréis trenzas, camisetas de metal entre los no iniciados, la recuperación de algún himno órfico y una libación. No veréis el sacrificio de 100 bueyes («hecatombe») ni juegos funerarios en los que arden 10 soldados enemigos («oh, llorado Patroclo») ni se considerará que Felipe VI, tras su muerte, ha ascendido a los cielos. Y no lo veréis porque todo eso lo mató el cristianismo.

La sangre derramada por Cristo eliminó la necesidad de derramar más sangre, humana o animal, en las ofrendas. La divinidad de Cristo acabó con el resto de dioses que habitaban el mundo en carne y en estatua; el auge del cristianismo no se puede entender sin un impulso igualitario, esta mutación de judaísmo, sectas heréticas y filosofía griega creó un meme en el que cualquier hombre, si cumplía con las normas, podía ascender a los cielos. No necesitaba construir Coliseos, pirámides o celebrar triunfos.

Sin todo eso, y más cosas (3) no seríamos lo que somos.

¿Para qué ser paganos entonces?

Pues porque el cristianismo ya está en su límite, ya no queremos formar parte de un culto dogmático, que aborrece el cuerpo, que sólo entiende a la naturaleza desde la dominación, que elimina la heterogeneidad y flexibilidad propia de lo numénico, que prohibe el contacto directo con lo divino, que sataniza las pasiones y la sombra oscura que en todos anida.

¿Necesitas más razones?

¿Por qué Cristo entonces?

Pues porque no sólo es parte fundamental de lo que somos como personas, ya se sabe, el dios del amor incondicional, el perdón, la humildad (4) y el sacrificio. Sino porque es poderoso, no sólo es el hijo de Dios sino que es sanador, resucitador y vidente. Esto lo entendieron muy bien los pueblos de Hispanoamérica cuando fueron conquistados; el verdadero paganismo es integrar aspectos de un culto novedoso, como el cristianismo, en el ecosistema local. Lo que en cambio es puro cristianismo platónico es pensar que las verdades son monolíticas y que los sistemas de ideas son conjuntos lógicos y no contradictorios, que es en lo que precisamente caen los neopaganos en su rechazo al cristianismo.

¿Pero Cristo no me va a aceptar?

Qué curioso, piensas que Cristo no te va a aceptar porque eres escéptico, animista y feminista. ¿Por qué te iba a aceptar Buda, Zeus, Afrodita, Hécate o Dionisos? ¿No son acaso seres cuyas historias nacieron en tiempos antiguos y por pura lógica no estarán contaminados de una mentalidad arcaica? Te aconsejo que seas más abierto de mente en tu relación con las inteligencias suprahumanas y que compruebes tu misma si Jesucristo, hijo de Dios, nacido zapatero, muerto rey, te aceptará en su corazón.

¿Entonces ya no debo hacer más ofrendas?

El cristianismo es un paso necesario en ese juego de fuerzas que es la evolución de la humanidad, pero como todo paso necesario también es superable. Véase el famoso mito de la escalera:

«Recuerda la importancia del tercer escalón» decía su maestro.

Yole siguió entrenando las diferentes artes místicas: respiración, movimiento de las energías, oración inflamada. Y siempre que terminaba su maestro decía:

«Recuerda la importancia del tercer escalón»

A Yole le interesaba más el cuarto escalón pero sabía que sería imposible llegar a él si no posaba su pie en el tercero.

Y llegó, y era caliente, frío y eléctrico. Y pesadillas lo acecharon, tanto esfuerzo para más esfuerzo. Estaba a punto de renunciar pero renunció antes a la insistencia de su maestro, olvidó el tercer escalón y llegó al cuarto.

Se encontró con su maestro «¿Sabías que me iba a pasar todo eso?» dijo Yole.

«Sí»

«Pues me lo he saltado»

«Esa era la importancia del tercer escalón»

Cualquiera que analice el flujo histórico en detalle vera que es una retrocircularidad constante; Cristo, tal como explica Marvin Harris, acaba con la necesidad imperiosa y sometida de sacrificios humanos y animales. Eso es un avance espiritual y social pero como todo avance obvia viejas posibilidades de la ofrenda que sólo ahora estamos empezando a recuperar.

Ofrendar a los espíritus es una forma de crear un asiento material en la gran cadena del ser, una vía de cultivo de la generosidad, una recuperación del mindset chamánico que negociaba con el ecosistema espiritual que habita, fronteriza y nos acecha. El mismo cristianismo popular ha recuperado eso y no es raro ver ofrendas de monedas, catedrales, velas y brazos de cera para los nùmenes cristianos.

Nosotros somos herederos de ese mestizaje inevitable y lo llevamos un paso mas allá.

PLUS ULTRA

Notas al pie

(1) Misma raíz etimológica que la del «payés» catalán.

(2) Aquí hablo de un concepto que es muy interesante para entender por qué estas creencias pre-cristianas sobrevivieron en el medio rural.

(3) Hay interesante evidencia sobre cómo la prohibición del matrimonio entre parientes cercanos, temática que para nada es un dogma dentro de la Biblia, propició la formación de una psicología WEIRD (<<Western, educated, industrialized, rich, and democratic countries>>) que se considera parte de la identidad europea.

(4) La mentalidad moderna no entiende lo absolutamente revolucionario que es Cristo cuando le lava los pies a sus discípulos.

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