Trucos de productividad: No existen los días

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El tiempo no existe. Al menos no existe en el mismo plano y consistencia en el que existe una silla, mis dedos o unas esporas de Psilocibe cubensis. Los días, los meses y los años son literalmente marcas que hacemos en los calendarios, sí, hemos tomado como referencia los giros que da el sol, las transformaciones lunares pero podríamos haber tomado como referencia el tiempo que tarda la coliflor en crecer ¿Por qué no? Pero hemos crecido con estos constructos mentales, y vía propaganda por la repetición, vía hipnosis constante y social los hemos convertido en sólidos.

Y entonces sucede que tienes que terminar un trabajo pero claro, por la mañana estabas líado, y por la tarde te ha entrado sueño y claro, sólo queda una hora y para una hora pues lo dejas para otro día. Y al día siguiente resulta que tienes que ayudar a tu padre en el campo y por la tarde estás cansado y lo dejas para otro día. Cuando te quieres dar cuentas estás atrapado en una extraña rueda de procrastinación donde se mezcla la desmemoria, el autoengaño y la proyección en el futuro. Y pasan las semanas, los meses y los años y los avances son magros. Y todo por la telaraña de ilusiones que has creado (1). Empieza rompiéndola de la siguiente manera:

NO EXISTE EL DÍA DESAPROVECHADO

porque

NO EXISTE EL DÍA

si después de un día (2) de absoluta mierda, donde tus sistemas de recompensa natural se han ido a la mierda, donde la has jodido completamente, donde esas 24 joyas que son las 24 horas de cada día han sido escupidas y pisoteadas, pues bien, si ese día tienes 5 segundos para hacer lo que hay que hacer, para ser libre y atar tus impulsos a tu programa, y no al programa de otro, HAZLO. Y por varias razones socio:

  • Es tiempo. Da igual que sean 5 minutos, 1 hora o 40 segundos. Es tiempo dedicado a tu programa, es cómo encontrar cada día una moneda en el suelo, no seas tonto y recógela.
  • Es contrahipnosis. Frente a la hipnosis enemiga, la del día echado a perder tienes el talismán de tu actividad, tus metas, tu sistema. Esos 5 minutos al final del día son un antídoto contra el veneno en el que te sumergistes (¿O quizás te sumergieron?).
  • Es entrenamiento. Igual que Neo, al despertar de Matrix, estás entumecido, llevas años sin seguir tus propios y reales designios, ese poco tiempo que le dedicas en tus desaprovechados días es tu simulador de vuelo, tu preparación para combatir en el ampliado campo de batalla.

Y es que, como dijo Timothy Leary desde la prisión federal de San Diego en 1975:

Brainwashing is happening to all of us all of the time. Knowledge of brainfunction is our only protection against it. The solutions to our predicamentare neurological. We must assume responsibility for our nervous systems. Our robothood can remain static if we endlessly repeat the imprints ofinfancy to adolescence, or it can be drastically altered by brainwasherswithout our consent, or we can take control of our nervous systems. If wedon’t assume this personal responsibility, somebody else will; if we do take over the control board, we can each be any person we want to be.

Que no seas un robot dice, que te defiendas del lavado cerebral.

¿Pero cómo integro esto en mi vida?

Entiendo tu objeción, porque yo he estado ahí. Incluso habiendo pensado y escrito esto se me va a olvidar, en la vorágine de mi vida cotidiana acabaré pensando en días, desaprovechando esos minutos y horas en nombre de una abstracción mental que me limita. Es por eso que propongo la siguiente rutina: Recapitulación de errores. Antes de dormir hacer una recordatorio de todos los errores y flaquezas en los que has caído a lo largo del día, esto tiene valor en sí mismo, ya que te hace más consciente de todo ello pero no nos vamos a quedar ahí. Una vez recapitulado tus errores deberás hacer algo para compensarlos, por ejemplo, imagínate que querías hacer ejercicio pero te pusiste a revisar el facebook y a devorar series y se te pasó, y son las 1, y encima te duele la cabeza. No son horas de hacer la rutina que te saltastes, y normalmente uno lo dejaría para mañana y caería en el círculo vicioso anteriormente descrito. Pues harás lo máximo que puedas, quizás en ese caso lo máximo que te permiten tus energías es hacer un estiramiento y unas flexiones en el suelo ¿Es muy poco comparado con todo lo que no has hecho? Sí, pero es mejor que nada, y te ayudará a construir hábito, a recordarte en tu memoria corporal, que es la más fuerte, tus errores y a darle la vuelta al día, a convertir un día desperdiciado en un día donde «superé mis limites y flaquezas».

En mi caso, y esto es recomendable pero no imprescindible, me gusta conectar lo simbólico y lo religioso con mis hábitos cotidianos: no sólo funciona como un teatro de la memoria, donde las poderosas imágenes de dioses, espíritus y demonios, encarnando conceptos y hechos, se graban mejor en la mente inconsciente sino que hay argumentos estadísticos, pascalianos y empíricos para creer en la existencia de inteligencias no-humanas . Es por ello que yo ante de cada recapitulación recito el himno órfico (3) a Proteo, señor de los cambios, hijo de Posidón:

Invoco a Proteo, dueño de los controles del mar, Pri­migenio, que desveló los principios de toda naturaleza, transformando la sagrada materia en apariencias multifor­mes, venerando, prudentísimo, conocedor del presente, del pasado y del futuro, porque él mismo lo posee todo y lo transforma, y ningún otro de los inmortales que habi­tan la sede del nevado Olimpo, el mar, la tierra, o vuelan por el aire, lo hace. Pues la naturaleza inicial lo confió todo a Proteo. Mas, ea, padre, ven con intenciones piado­sas para tus iniciados, enviándonos un buen final en los quehaceres de nuestra afortunada vida

Notas al pie

(1) En realidad no has creado nada porque tú no existes, cómo se demuestra empíricamente en la meditación, uno no controla nada, no hay un yo que decide pensar sino que el yo sucede, los pensamientos suceden y en cierto sentido que yo esté escribiendo aquí es un suceder. Son bits de información interesantes que permiten no comprar ingenuas concepciones del yo.

(2) Después de decir que no existen los días vuelvo a hablar de ellos y es porque mi concepción epistemológica es la siguiente: Hay conceptos de los que hay que sospechar pero que hay que usarlos, porque son útiles. Hay que crear anticuerpos contra ellos.

(3) En la tradición hay un poder psicológico, empírico y morfogenético que no debe ser despreciado.

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